miércoles 15 de octubre de 2014

La mayoría de estos pacientes vivían en zonas rurales, alejadas del centro universitario, y no contaban con los recursos ni el tiempo para trasladarse a la ciudad para consultar al especialista y obtener la medicación adecuada.
En 2003, Arora decidió tomar partido y así fundó un programa continuo de educación a los médicos generales, rurales, de familia, enfermeras, agentes comunitarios o promotores de salud que se encontraban radicados en las localidades donde vivían sus pacientes con hepatitis C. A partir de la web, y las posibilidades de cualquier computadora o teléfono celular inteligente para realizar teleconferencias, logró en poco tiempo convertir a estos equipos de salud del primer nivel de atención en equipos especializados en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad que lo preocupaba. Su proyecto de denominó Proyecto ECHO.
La dinámica es simple: los médicos en los pueblos presentan casos clínicos complejos que requieren la revisión de un especialista, y luego los expertos en el hospital universitario comentan los casos y realizan recomendaciones, desarrollando aquellos aspectos del procedimiento de diagnóstico o tratamiento que son difíciles de manejar sin la formación y experiencia especializada.
Actualmente, el Proyecto ECHO trabaja sobre más de 20 enfermedades y con más de 30 universidades que replican el modelo en 7 países, entre ellas Harvard y el MD Anderson en Estados Unidos, y la Universidad de la República aquí en Uruguay.
Según datos del Sindicato Médico del Uruguay, de los 14.726 médicos en actividad en el año 2010, solo 3.501 (22%) estaban radicados en el interior del país. Por lo que estas clínicas se vuelven una esperanza sumamente alentadora de «democratizar el acceso a la atención médica y desmonopolizar los conocimientos», según señala a Ser Médico Henry Cohen, profesor titular de la cátedra de gastroenterología en el Hospital de Clínicas, y anterior presidente de la Sociedad Mundial de Endoscopía y Gastroenterología, quien además es coordinador general de las clínicas del Proyecto ECHO en Uruguay.
«Empezamos hace alrededor de cuatro años. El primer apoyo que tuvimos fue el del decano de la Facultad de Medicina», afirma. Pero luego han ido obteniendo la adhesión de casi todas las instituciones vinculadas a la salud de renombre en el país, incluído el SMU.
En Uruguay hay dos de estas clínicas: en VIH y hepatitis c. Y, según asegura el coordinador del proyecto, se espera sumar una de anemia para principios del año próximo y ya se está trabajando en tres proyectos más.
«A juzgar por los primeros pasos de ECHO en Uruguay, las autoridades y una buena parte de los médicos y otros profesionales del primer nivel parecen mostrar la voluntad de caminar en esa dirección», apunta el especialista.
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