jueves 15 de enero de 2015

Hoy, 15 de enero, hace exactamente cien años se fundó la Sociedad de Pediatría de Montevideo, luego devenida en Sociedad Uruguaya de Pediatría.
Por Dr. Antonio Turnes
Todo ocurrió de manera pintoresca. El Maestro Luis Morquio pasaba unas vacaciones en Punta del Este (ya por entonces los médicos veraneaban en aquel pueblito fundado en 1907, apenas un rancherío) y estuvo meditando que la única sociedad científica existente, la Sociedad de Medicina de Montevideo (fundada en 1893, hoy desaparecida) estaba decadente, no se reunía, y no se podía publicar casi nada.
Se vino a Montevideo con el Acta fundacional de la Sociedad bajo el brazo, y le pidió a su jefe de Clínica (él era el Profesor Grado 5) el Dr. Conrado Pelfort, que le recogiera la firma a un conjunto de pediatras y otros que eran colaboradores o amigos, para fundar la Sociedad.
Se trajo los estatutos, todo pronto. No quería perder tiempo en debates estériles y asambleas inútiles.
Quienes suscribieron aquella Acta Fundacional fueron los Dres. María Armand-Ugón (que primero fue pediatra y luego ginecóloga), Julio A. Bauzá, Roberto Berro, José Bonaba, César Bordoni Posse (Profesor de Clínica Médica), Ernesto Caprario, Antonio Carrau, Raúl del Campo, Pedro E. Duprat, Víctor Escardó y Anaya, Arturo Garabelli, Federico G. Garzón, Jorge Ibarra, Paulina Luisi (que luego sería destacada ginecóloga), Arturo Lussich (Profesor de Semiología y Clínica Médica), Pedro J. Martino (Otorrinolaringólogo), Américo Mola, Luis Morquio, Francisco Noriega, Conrado Pelfort, Prudencio de Pena, Andrés Puyol, Héctor Raffo, José Rodríguez Anido, Joaquín de Salterain (Oftalmólogo y primer salubrista), Luis E. Solari, Arturo Williman, Mario Valabrega y Víctor Zerbino.
La primera sesión de la Sociedad se celebró el 15 de marzo de 1915. En aquel tiempo no estaba de moda decir que en Uruguay todo comenzaba después que ingresaba el último ciclista, ni que en el verano no pasaba nada.
Así se fundó una Sociedad que cultivó la ciencia de la Pediatría y Puericultura, mantuvo publicaciones desde entonces, primero en el exterior (una revista latinoamericana con los argentinos) y luego los Boletines y Archivos de Pediatría. Formó pediatras que vinieron de otros países de América Latina para aprender en la Escuela de Morquio, y eso siguió con sus hijos y nietos. Luis Morquio forjó una verdadera Escuela, que se prolonga en sus tradiciones y prácticas hasta nuestros días, conservando lo esencial del arte de la Medicina de los niños.
Todos los que nos vieron, trataron y cuidaron a nosotros de niños, a nuestros hijos y nietos así como a las generaciones que estuvieron antes que nosotros, pasaron por ella, y dejaron huella.
Ellos contribuyeron a lo largo de un siglo, de manera sustancial, a incidir para que cada año tuviéramos cifras más bajas de mortalidad infantil, menor morbilidad por enfermedades prevenibles y mayores enseñanzas a los padres para la crianza de sus hijos.
Ya desde sus comienzos, la Libreta de Familia, esa que se entrega en el Registro Civil al momento de formalizar el matrimonio reconocido por el Estado, figuran las Instrucciones sobre la Crianza de los Niños en su primera edad. Tal vez pocos ciudadanos (incluidos los médicos) hayan reparado en ese documento que se utiliza para inscribir a los hijos o para tramitar sucesiones. Pero allí están, incambiadas esas indicaciones que debieran orientar a sus lectores, con el lenguaje de la época. Menudo homenaje del Estado a los Pediatras de la época. Los que aún tengan o guarden esa libreta, vayan y lean las recomendaciones, todas válidas.
Hoy es la Sociedad Científica más antigua del Uruguay, y mantiene el mismo espíritu de los fundadores, con esa vocación por lo social, que es característica de la Pediatría, que mira al futuro criando a los futuros ciudadanos, contra la desnutrición, la miseria y los malos tratos. Muchas cosas para resumir. Pero sí para celebrar o al menos recordar.
Muchas felicidades para los actuales Miembros de la SUP. Eterno recuerdo para sus fundadores y continuadores.


