lunes 26 de enero de 2015

El 4 de diciembre se realizó en el Hospital de Clínicas la primera colocación de una válvula vía transapical realizada en Uruguay. El receptor, un paciente de 84 años, es uno de los 20 a 30 que cada año son diagnosticadas de estenosis valvular aórtica y, por su edad y condiciones de salud, no pueden someterse al riesgo de una cirugía convencional.
En Uruguay se realizan en el entorno de 2200 cirugías cardíacas al año, de las que un 30% son valvulares. De este total un porcentaje equivalente a entre 20 y 30 personas no pueden someterse a una cirugía convencional, por lo que fallecen.
La patología en cuestión es la estenosis valvular aórtica. En charla con Ser Médico, Dr. Daniel Brusich, profesor de Cirugía Cardíaca de la Facultad de Medicina, de la Universidad de la República, y responsable de la intervención, explica que esto sucede cuando por diferentes motivos la válvula aórtica se va cerrando, obstruyendo y calcificando. Entonces, el corazón se contrae y es menor la cantidad de sangre oxigenada que pasa al resto del cuerpo, el corazón lucha contra esto y se empieza a deteriorar.
La solución es colocar una nueva válvula. El problema es cuando a esos pacientes no se les puede realizar una intervención quirúrgica convencional. Éste es el caso de un hombre de 84 años al que en diciembre de este año se le salvó la vida colocándole una válvula por cateterismo vía transapical (una intervención jamás realizada en Uruguay). El Dr. Brusich explica que para esto consiguió que una empresa brasilera les donara la válvula en cuestión. La intervención tuvo dos horas de duración y fue un éxito. A los pocos días el paciente fue dado de alta y se encuentra en perfecto estado de salud.
Al respecto de este tipo de intervenciones, el especialista señala que «la idea es generar un proyecto para que se siga realizando». El problema radica en la adquisición de estos artefactos, cuyo costo ronda los 25.000 dólares y no las cubre el Fondo Nacional de Recursos (FNR). «Esperamos que en un futuro el FNR pueda financiarlo, o que se puedan financiar a través de recursos de amparo», explica.
Dos vías de colocación
Como se ha dicho, el procedimiento tradicional para solucionar una estenosis valvular aórtica severa es la cirugía tradicional. Se conecta una bomba de circulación extracorpórea, una máquina que actúa de corazón y pulmón mientras se realiza la sustitución valvular y que permite trabajar con el corazón vacío y parado. Sin embargo, esto resulta imposible en pacientes con ciertas contraindicaciones.
La colocación de válvulas mediantes catéteres, en intervenciones poco invasivas es una realidad y son dos las formas más comunes de colocación: por vía femoral, de la arteria femoral; o por vía transapical, a través de la punta del corazón. Ésta última fue la que emprendió el Dr. Brusich y su equipo.
En relación a las ventajas de una sobre la otra, el médico explica que «la vía femoral tiene sus dificultades. Se tiene que recorrer un trayecto muy largo de la pierna al corazón. Al tratarse de pacientes añosos, también tienen enfermedad en la arteria aorta o ilíaca. Entonces podían generarse daños en todo ese recorrido. En cambio, al abordar la punta del corazón, el trayecto es de entre 10 y 15 centímetros».
Colocación vía transapical
Durante la intervención participaron alrededor de 10 personas, además de un instructor brasilero con más de 300 válvulas colocadas. Entre los profesionales uruguayos, participaron cardiólogos, hemodinamistas, ecografistas, electrofisiólogos, equipo de enfermería, nurses, instrumentistas y perfusionistas. Se desarrolla en una «sala híbrida», que permite hacer el procedimiento de cateterismo, pero además, en caso de complicaciones, se puede transformar en una sala de cirugía.
Previo a la colocación de la nueva válvula, «se le hizo la apertura de la válvula nativa con un catéter, lo que le permitió en términos comunes desagotar un poco el corazón y pulmones y prepararlos».
Para el procedimiento, explica Brusich, «se prepara al paciente como si se fuera a operar. Se le hace anestesia general. Se colocan los campos quirúrgicos igual a si se fuera a hacer una cirugía». El procedimiento es muy preciso: se hace una incisión de tres centímetros debajo de la mama izquierda, se localiza la punta del corazón, y se hacen unas jaretas, unos puntos que permiten que no se produzcan sangrados al introducir el catéter y al retirarlo (la principal complicación de este procedimiento). Luego, se coloca el catéter y se localiza la válvula aórtica del paciente. Se comprime la nueva válvula con una máquina y así queda en condiciones de colocarse. La nueva válvula tiene un soporte mecánico y adentro, una válvula de pericardio bovino.
«Una vez que sabemos que la válvula está bien posicionada, la desplegamos. Tiene un balón por adentro que se lo infla. El balón se dilata, la válvula se abre y queda clavada, posicionada y fija en el lugar de la válvula nativa. Entonces, la actividad del corazón comienza a ser casi normal y se recupera. Es inmediato», señala.
«Fue un éxito», confiesa. Mientras una cirugía tradicional lleva alrededor de cuatro horas, ésta demandó dos. Y, según explica el responsable, esto fue porque se trataba de la primera. Se estima que en otras oportunidad puede tardar incluso menos.
A su vez, en una cirugía tradicional, los pacientes están internados una semana y, en este caso, lo normal es que a los dos días ya esté de alta.
Hacia un programa
Brusich opina que en la Facultad «se tiene todo para realizar este tipo de procedimientos». Se cuenta con el equipo, salas de hemodinamia de última generación que pueden ser fácilmente transformadas en salas híbridas, un centro cardiovascular con muy buena infraestructura y el conocimiento necesario para emprender en esto. Imagina la posibilidad de crear un proyecto que atiende a pacientes tanto del sector público, como privado. Lo único que queda por resolver es la financiación de esas 20 válvulas anuales, que no sería un problema en caso de que el paciente cuente con el dinero para financiársela; pero si no es así, el escenario es otro.




