Ramón Soto: en el medio rural “nos sentíamos médicos ‘clase C’”

miércoles 1 de octubre de 2014

Soto, quien desde hace 25 años es el único médico que hay en la zona, llegó al lugar con su esposa enfermera. Recuerda que el equipo de salud que conforma también con un chofer de ambulancia era óptimo para atender a «un paciente gravemente herido, no a 22» y por tanto señala que «el contexto» en el que sucedió el accidente fue un factor determinante de la atención que recibieron aquellos heridos.

El médico vive en una casa proporcionada por la Sociedad de Fomento de Valentín al lado de la única policlínica de la zona, equidistante a tres centros poblados que suman en total unos 3.000 pacientes.

«Acá yo soy el médico de referencia de toda la población solo porque el poblador no tiene otra alternativa. La gran ventaja es que conozco muchísimo. De la población, de las historias familiares, de los ciclos individuales y de las comunidades», indicó.

Y añadió: «Acá es fundamental la relación médico-paciente, entender el lenguaje, tener una gran oreja para escuchar el ritmo de cada comunidad, para tratar de imponer lo técnico sin avasallar, porque el poblador rural tiene sus grandes verdades de postergación histórica», señaló Soto al ser entrevistado por Ser Médico para la sección «Protagonistas».

Soto es, en la actualidad, el presidente de la Sociedad de Medicina Rural del Uruguay. Esta nuclea a unos 110 médicos radicados en las zonas rurales del país.

«Nosotros tuvimos que atravesar individualmente y como sociedad científica los efectos colaterales de esa postergación rural histórica, y de sentirnos médicos de ‘clase C’. Entonces tuvimos que empezar por generar una autoestima, de ver que no somos peores ni mejores, somos distintos. Eso nos costó un tiempo.

Pero entonces, seducir a un estudiante o médico recién recibido para que opte por este estilo de vida no es fácil, porque no es sólo un trabajo. Y no es fácil si la Facultad de Medicina apunta para otro lado, y si la sociedad moderna en definitiva apunta para otro lado», opinó Soto.

El médico reconoció los intentos por mejorar la situación de la medicina rural –tanto a nivel de formación en el interior de la Facultad como con el Plan de Salud Rural- pero apuntó a que los avances aún son «muy lentos».

Sobre todo, si se tiene en cuenta que el 73% de los médicos está en Montevideo y solo el 27% está en el interior. «Pero ese 27% no está distribuido equitativamente entre el norte y el sur. El 7% está al norte y el 20% al sur. Eso mirando solo las capitales. Si nos vamos a zonas rurales de todo el país, debe estar por debajo del 1%», informó Soto.

En poblaciones de menos de 5.000 habitantes (las que piensa abarcar el Plan de Salud Rural) hay unas 580.000 personas.

«El Plan de Salud Rural todavía no se cristaliza a nivel país. Hay algunos focos que pueden haber sentido mejoras, pero esto tiene que tener sustentabilidad y sostenibilidad», señaló Soto.

Según dijo, desde la sociedad están trabajando para mejorar las condiciones de trabajo de los médicos rurales. «Si a vos te pagan una guardia de ocho horas el doble de lo que te pagan todo el día en una zona rural ¿por dónde vas a optar? Por la ciudad, donde se trabaja más protegido», cuestionó.

Además, la sociedad apunta a mantener reuniones de formación continua con regularidad. «Es una necesidad porque acá tenés que aprender de todo sí o sí. En la ciudad se disipan las responsabilidades. Hacés el turno y luego viene otro. Acá sos médico las 24 horas del día», concluyó.