viernes 11 de marzo de 2016

Informe Semanario Brecha
ENTRE LO URGENTE Y LO IMPORTANTE
Los calores de diciembre cedieron. Ahora, entrado marzo y mientras se aproxima el momento de que la Universidad vuelva a estudiar las vías de financiamiento para la reestructura del hospital universitario, algunas posturas se templaron, aunque otras se mantuvieron.
Pese a que la reforma del Clínicas había sido un compromiso de campaña del Frente Amplio y una de las menciones especiales de Tabaré Vázquez durante su discurso de asunción, a fines del año pasado el Ejecutivo puso a la Universidad en un brete.
El mecanismo de Participación Público Privada (PPP) era el único que el gobierno barajaba para la remodelación del Hospital de Clínicas (HC), luego de que no se le asignara presupuesto nacional y el Ministerio de Economía y Finanzas se mostrara más que reticente a aprobar, de conseguirse, préstamos o fideicomisos, las otras dos vías de financiamiento que estudiaba
la UdelaR.
La fórmula de PPP que el gobierno «impuso » no cayó bien en la Facultad de Medicina y el 16 de diciembre la oposición al proyecto se estampó en una resolución categórica: «Rechazar en general la utilización de la participación público privada en las áreas de la salud y educación públicas, y por lo tanto como forma de financiación de la refuncionalización del HC».
Una semana más tarde, en el Consejo Directivo Central de la Universidad se escucharon otras posturas, por ejemplo la del rector Roberto Markarian, que opinaba que ninguna posibilidad debía descartarse y que, además, sus conversaciones con el gobierno indicaban que ésa sería la única alternativa viable.
No obstante, la Universidad resolvió «que el proyecto de refuncionalización del Hospital de Clínicas «debía diseñarse «independientemente del mecanismo de financiación», al mismo tiempo que se instaba a «acelerar la búsqueda de alternativas de financiamiento».
En otras palabras, que no había consensos y por lo tanto se postergaba la definición hasta marzo, mientras se avanzaba en un proyecto propio que no estuviera orientado por las intenciones del gobierno.
Ahora que el plan universitario para la remodelación de la planta física presenta un mayor grado de avance (véase recuadro «No más Clínicas»), Fernando Tomasina, decano de la Facultad de Medicina y férreo opositor en diciembre al proyecto impulsado por el Ejecutivo, sostiene que es «muy crítico con las PPP, pero también (reconoce en) un sentido pragmático, que si es la única alternativa, no podemos tener más al Hospital en la situación que está».
Para el decano «hay que ver el contexto en que se discutió en diciembre, cuando había un proyecto que venía de una consultoría, y hoy tenemos un proyecto trabajado colectivamente. En aquel momento la radicalización de las posiciones estaba vinculada a un proceso que se entendía demasiado acelerado», «a un proyecto que no se vivía como propio y que no daba margen a la discusión».
La consultoría que solicitó el Ejecutivo (encargada a CPA Ferrere, que a su vez subcontrató a Globesalud, véase Brecha. 18-XII-15) establecía que la opción más económica para brindar una buena atención sanitaria era refaccionar sus cuatro primeros pisos y construir un nuevo edificio en el mismo predio, por lo que se debía demoler parte de las obras iniciadas para las escuelas de Tecnología Médica, de Nutrición, de Parteras y la Facultad de Enfermería.
El resto del «viejo» hospital, que va hasta el piso 20, sugería utilizarlo para tareas administrativas, de enseñanza, investigación y extensión, además de para actividades comerciales mediante un arrendamiento del espacio.
Respecto al mecanismo de financiamiento, recomendaba la PPP, y ya hablaba de diferentes modelos de devolución al privado, que incluían el pago de un canon por parte del Estado y el derecho de proveer insumos o explotar servicios del hospital.
Tomasina, sin descartar otras alternativas que pudieran surgir, sostiene, en contraposición al primer proyecto, que «podría estar a favor (de una PPP) en la medida en que se fijen claramente las reglas del juego, para que no contradigan nuestro modelo de gestión universitario».
En esta línea, cree que podría trabajarse sobre un proyecto que dé al privado «la construcción y el mantenimiento del edificio, además de los servicios que hoy ya están externalizados», como «el manejo de la basura hospitalaria, el estacionamiento, los servicios que se ofrecen a la entrada del hospital, que hoy no están gestionados de forma pública. Me queda claro que el personal de servicio y de cocina forma parte del personal de la salud y tiene que tener una conducción única de la Universidad.
El planteo de hoy, después de diciembre, es que tenemos un proyecto que debemos financiar».
LO IMPORTANTE. La Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) se mantiene firme. La consejera estudiantil Valeria Sánchez dijo a este semanario que «si bien cada contrato se negocia particularmente, hay una tendencia a que sean de 20 a 30 años porque, como son inversiones grandes, el privado se asegura muchos años de utilidad».
En ese esquema, «el Estado termina pagando más que si hubiese invertido directamente o pedido algún préstamo. Lo que nos da miedo es que por la envergadura que tiene la inversión, se tercerice mucho más que la limpieza, un mecanismo privatizador al que de pique estamos en contra pero que ni siquiera alcanzaría para hacer rentable el negocio. Se habla de la limpieza, del mantenimiento del edificio y de los equipos, de la vigilancia, del abastecimiento de algunos insumos y eso sería lo menos grave».
Sánchez entiende «que se está buscando vulnerar a la Universidad para que termine aceptando el peor contrato posible porque si no, no hay plata Y si al Hospital de Clínicas le pueden aplicar una PPP, es difícil que algún otro hospital o centro educativo se niegue».
En la misma línea se pronunció su federación en una declaración que fue difundida la semana pasada: «Denunciamos la política de chantaje que realiza el Poder Ejecutivo con la Universidad, ante el silencio cómplice del Rectorado, donde se embreta en aceptar ‘la única forma posible’ de concretar la reforma del Clínicas».
Para los estudiantes, la PPP implica «que un privado entra a la gestión del hospital «, algo que se explicita en el propio informe de la consultoría, elaborado por CPA Ferrere y Globesalud, una empresa que ha invertido mediante esa modalidad en otros hospitales y que probablemente esté interesada en hacer lo mismo con el Clínicas:
«La administración puede perder el control, dada la naturaleza de las PPP, que implica compartir la toma de decisiones, lo que impide percibir a priori quién ejerce el control sobre la prestación de servicios».
LO URGENTE. Pero a todo esto, hay apuro, urgencia La grave situación edilicia de algunos sectores del hospital es algo que todos reconocen, aunque se llegue a diferentes conclusiones. En este marco algunos, como el decano, parecen impulsados a aceptar una modalidad que no es la que hubieran elegido, frente al temor de que el proyecto de refuncionalización del Clínicas se quede nuevamente en los papeles.
En esa línea, un grupo de médicos del Clínicas se dirigió al Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) para denunciar que en ese contexto su trabajo rozaba la violación a la ética médica. Dos de esos docentes relataron a Brecha que existe una «inequidad interna crónica. Hay servicios que funcionan bien y otros que son calamitosos».
En este sentido, aclaran que los sectores que tienen una mejor infraestructura son los que perciben financiación externa por el pago de los servicios que brindan, por ejemplo del Fondo Nacional de Recursos, o los beneficiados por el préstamo-donación de Venezuela.
En contraposición, «los servicios generales, sumamente importantes para que funcionen bien los servicios complejos son los más desprotegidos».
Este grupo de médicos afirma, en coincidencia con lo que relatan el decano de Medina y la nueva directora del Clínicas, Raquel Ballesté, que persisten las grandes salas generales de internación, donde hay entre ocho y diez pacientes que, incluyendo a los acompañantes, comparten un único baño que está en malas condiciones, entre otras falencias.
Por su parte, Ballesté plantea que «la gestión que hacemos es de alta calidad técnica, pero los lugares en los que estamos asistiendo a los pacientes, en particular los de cuidados moderados, están muy debilitados, no tienen mantenimiento o están requiriendo una reestructura urgente. En este estamos desplegando un plan de contingencia para rehabilitar algunas salas y reacondicionar algunos baños», pero la realidad «dista mucho de lo que quisiéramos», y parte de ella es «el sentir de los médicos de estar trabajando en condiciones inadecuadas».
Frente al planteo de los médicos, el SMU salió rápidamente a presionar para que la facultad se expida a favor de un proyecto que cuente con financiación y sea viable. «El único que hay arriba de la mesa es el que se gestó entre el gobierno y el Rectorado. No es que nosotros estemos a favor de las PPP ni mucho menos, pero lo que es claro es que hoy es la única alternativa que el gobierno ofrece. O se le contrapone otra, o se acepta ésta. Esto ya pasó de castaño oscuro y no podemos dejar pasar más tiempo», sostuvo en diálogo con Brecha Alejandro Cuesta, secretario médico del SMU, quien hubiera preferido «que el gobierno apareciera con 100 millones de dólares para no tener que recurrir a privados», pero considera que ‘ya no hay lugar para seguir atándonos a plataformas programáticas, ideologías o visiones respecto a la macroeconomía que obstruyan una solución para los pacientes del hospital».
Desde la FEUU, Sánchez plantea que «todos estamos de acuerdo en que hay que refuncionalizar el hospital cuanto antes, «pero el tema es a qué costo». Y es que en la balanza ya no se sabe qué pesa más, si lo urgente o lo importante.
EL PROYECTO EDILICIO PARA EL HOSPITAL UNIVERSITARIO
«NO MÁS CLÍNICAS»
«No queremos reproducir un Hospital de Clínicas donde haya una clínica por piso», adelantó a Brecha el decano de Medicina. El proyecto edilicio de la Universidad ya fue aprobado por la Comisión Directiva del hospital y el Consejo de Facultad de Medicina.
Además, fue presentado ante el Consejo Directivo Central de la Universidad, que le dará tratamiento luego de la Semana de Turismo, para dar paso a la nueva ronda de negociaciones con el gobierno.
Ballesté dijo a Brecha que en las presentaciones del proyecto se hizo especial énfasis en las fortalezas de refaccionar el edificio frente a la posibilidad de construir uno de cero, porque el actual «tiene una nobleza muy importante, lo que le ha faltado es mantenimiento, pero desde el punto de vista estructural no hay elementos que invaliden la refuncionalización».
Además, consideró que «es un edificio enorme que permite ir adecuando los espacios e ir realizando la obra por sectores, manteniendo la asistencia sin necesidad de trasladar a los pacientes».
Según ese proyecto, en el ala este se concentraría la atención ambulatoria, un bloque que estaría ubicado entre el subsuelo, la planta baja y el primer piso. Para el ala oeste se trasladaría la Emergencia y el área de atención crítica, que incluye al centro cardiovascular, el CTI y el block quirúrgico, que tendría entrada por avenida Italia y por Centenario y estaría ubicado entre el subsuelo, la planta baja y el primero, el segundo y el tercer pisos.
«Así resolvemos uno de los problemas que tenía el edificio, que era la circulación vertical, y generamos circuitos controlados», aclara Tomasina.
Encima de esos dos bloques se encontraría, según los planes de la Universidad, el área de los cuidados moderados, «que tendrán distintos niveles de atención de acuerdo a las necesidades del usuario».
A partir del sexto piso se dispondría un módulo dedicado a la enseñanza y la investigación, y los únicos servicios de asistencia que se mantendrían en altura serían el Centro Nacional de Quemados «que tiene una infraestructura bien mantenida y una circulación bien restringida que no justifican su movilización», y el área de trasplante renal, ambos en el piso 14. De ahí para arriba, del piso 15 al 20, se destinaría a otras funciones universitarias.


