martes 21 de octubre de 2014

Se lanzó el libro Crónicas de un forense, del Dr. Hugo Rodríguez Almada. En charla con Ser Médico, este médico forense habló sobre la profesión, la situación de Uruguay y la convivencia con la muerte.
¿En qué consiste el trabajo del forense?
En Uruguay consiste en estar a la orden de un juez penal durante el turno. Supone la participación en los hechos violentos que afectan personas, es decir que lesionan o matan personas en la jurisdicción en la que trabaja ese forense. Incluye homicidio, suicidio y agresiones de los más diversos tipos.
¿En qué consiste el libro?
Es un libro en el que cuento algunos casos en los que me tocó participar como forense. Describo, en un lenguaje que intenta ser para público general, los detalles de cómo se trabaja, las técnicas que se utilizan, y además hago una reflexión sobre el sentido, problemas y temas éticos de la profesión. Hay un interés especial por reconstruir una imagen que se genera a partir de los medios, puntualmente de alguna serie televisiva, de que el forense o criminalista es un sujeto todopoderoso que desde un laboratorio puede descubrir la verdad siempre y sin excepciones.
En lo que refiere a investigación forense, ¿estamos a nivel internacional?
En otros países hay mucha más tecnología, pero en realidad desde mi punto de vista es más importante buscar la calificación de los recursos humanos. Prefiero un personal bien formado y entrenado antes que aparatos sofisticados con personas que no están formadas para interpretar esos recursos tecnológicos.
¿Cómo está estructurado el libro?
Tiene nueve capítulos. En cada uno de los primeros ocho se repasa un caso diferente y en el noveno se plantea un conjunto de casos con cierta unidad que el lector descubrirá.
¿Está ficcionado?
Es 100% realidad. En los casos que no fueron públicos se cambiaron los nombres para proteger la identidad de las personas. Y, por la misma razón, en algunos casos se falsearon un poco las referencias geográficas.
¿Cómo se encara desde esta profesión el tema de la muerte?
Es un tema bastante cotidiano. Aunque el trabajo con cadáveres yo lo estimo en la décima parte del trabajo total, porque el resto es con personas vivas. Pero sí: la muerte está presente. Eso tiene un costo emocional sin ninguna duda. El trabajo con la violencia y los resultados de la violencia no pasa desapercibido para quienes trabajamos en ese. Lo que para mí es importante es no perder la sensibilidad y no olvidar la dimensión humana.


