La genética y el tratamiento del dolor crónico

lunes 13 de octubre de 2014

Cuando un dolor se extiende en el tiempo durante más de seis meses deja de ser un síntoma para convertirse en una patología, cuyo origen y tratamiento se está debatiendo por estos días durante el Congreso Mundial de Dolor, que tiene lugar en Buenos Aires con la presencia de más de 6.000 profesionales de todo el mundo.
El estudio genético cumple hoy un papel fundamental en definir cómo las personas perciben y responden a cualquier tipo de dolor crónico, una enfermedad que afecta a un 30 % de la población mundial según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
 
«El dolor se transmite, y efectivamente hoy se sabe la importancia que tiene el impacto genético en su percepción», explicó a Efe el neurocirujano Fabián Piedimonte, presidente del Comité Local de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP por sus siglas en inglés).
 
Según Piedimonte, el tratamiento del dolor en forma individual o aislada es algo que se ha hecho desde siempre, pero su valoración como enfermedad es algo «muy reciente» por lo que no existen suficientes profesionales de la salud especializados es ese área.
 
«Precisamente uno de los objetivos del congreso ha sido entrenar y alertar a los médicos para que estén capacitados para tratar a quienes la padecen», señaló el neurocirujano.
 
El porcentaje de personas afectadas por algún tipo de dolor crónico asciende al 50 % entre los mayores de 65 años, mientras que entre los mayores de 80 alcanza al 85 % de la población.
«El estilo de vida tiene sin duda mucho que ver», asegura Piedimonte, quien destaca los dolores de la columna como unos de los más frecuentes.
 
Después de los lumbares, aparecen en segunda posición los padecimientos osteoarticulares (artrosis) y después las neuropatías, originadas por una alteración en la comunicación nerviosa, por ejemplo en las fibromialgias.
 
Depresión, ansiedad o falta de sueño, son algunas de las consecuencias de un dolor constante que, según Piedimonte, «se puede y debe combatir».
 
«Hay infinidad de tratamientos que pueden prevenirlo y combatirlo que van desde la administración de analgésicos en distintas escalas a la técnica más novedosa: la neuromodulación, que consiste en implantar un dispositivo que actúa como bloqueador de aquello que produce el dolor», explica.
Existen otros métodos como los derivados de la morfina, «que dándoles un uso adecuado también ayudan», las infiltraciones o las terapias químicas.
 
A pesar de todo, según la OMS, sólo el 10 % de las personas que padecen dolor acceden a un tratamiento adecuado, ya sea por baja prescripción del médico, por bajo suministro de las enfermeras, o porque el paciente no lo expresa.
 
EFE