miércoles 1 de octubre de 2014
Jorge Torres es desde hace pocos años el primer presidente del Colegio Médico del Uruguay, que se conformó tras décadas de lucha de algunos integrantes del colectivo médico. Pero sobre todas las cosas, Torres se ha destacado por su labor docente (fue nombrado profesor emérito), en particular como director de la Clínica Médica «C» de Medicina Interna del Hospital de Clínicas.
Al ser entrevistado por Ser Médico, como el primero de un ciclo de entrevistas a «protagonistas» del sistema de salud y de la medicina nacional, Torres recordó con «satisfacción» que en su clínica se formaron «varios catedráticos» internistas y de otras especialidades médicas. Y hasta un presidente, ya que Tabaré Vázquez también pasó por sus clases. Tiempo después, cuando llegó a Jefe de Estado, lo nombró presidente honorario de la Comisión de Ética en Investigación en Seres Humanos.
«En mi personalidad médica se marcó mucho mi formación académica. Publicamos 25 libros, movimos líneas de investigación de todo tipo. Se publicaron de 400 a 500 trabajos científicos. En el área asistencial, introdujimos todo el concepto de asistencia médica progresiva», contó.
Torres y su equipo introdujeron el concepto de cuidado de «enfermos grave no crítico», que luego se replicó a todo el país como «cuidados intermedios». «Ese fue uno de los grandes aportes, luego hubo otros», señaló.
Cuando se le pregunta por su actividad docente, en momentos en que la educación enfrenta una crisis en todos los niveles, Torres asegura que lo que distingue a un profesor es «su capacidad de ser maestro». «Tiene que sumar a la vocación de transmitir conocimientos y de generar grupos de investigación, el tener actitudes de maestro para dejar cosas personales y pensar en qué tendría que hacer tal o cual alumno para avanzar en su carrera, dejando de lado motivaciones científicas propias, no haciendo su Cátedra a semejanza de sus intereses», explicó.
A su juicio, la medicina en el país tiene varios desafíos para los próximos años. Entre ellos, avanzar en la discusión de la recertificación médica. Considera que ello generará nuevas garantías que mejorarán la relación médico-paciente. También será un desafío, opinó, avanzar en el proceso de restablecer un «nuevo equilibrio» y un «nuevo contrato social» de los médicos con los usuarios del sistema de salud.
De joven se juntaba con frecuencia a escuchar al escritor Paco Espínola relatar La Ilíada y también se interesó en el campo de las Humanidades, según contó. Pero su ingreso a la Facultad de Medicina hizo que se enfocara de forma exclusiva en esa disciplina, a la que denomina «un amor extremo». Hoy, más que cualquier otra cosa, se «define» a sí mismo como «médico».
«Mi vida ha estado marcada por la medicina. Desde que entré a la facultad fui dejando de lado muchas cosas. La medicina me absorbió de una forma tal que mis tiempos para otras cosas fueron siendo cada vez menores. Quedé tan atrapado por la medicina que he vivido las 24 horas de mi vida dedicado a ella», concluyó.


