lunes 2 de febrero de 2015

En 2003 comenzó a funcionar en el Hospital de Clínicas la Unidad de Manejo de Insuficiencia Cardíaca, un proyecto del Dr. Pablo Álvarez y la Dra. Gabriela Ormaechea, que recibió el Gran Premio Nacional de Medicina 2014.
El proyecto surgió ante la carencia de un lugar que centrara y protocolizara la terapéutica y diagnóstico de estos pacientes, «había heterogeneidad en el criterio de tratamiento», dice el Dr. Álvarez en charla con Ser Médico. Este proyecto lleva 1000 pacientes tratados al día de hoy, de los cuales 600 se encuentran en tratamiento activo.
Según cuenta el responsable, se emprendió con la idea de generar una policlínica especializada en el tema, que fue avanzando progresivamente hacia un equipo multidisciplinario, integrado por cardiólogos, médicos intensivistas, psiquiatras; y técnicos no médicos, como la licenciados en Enfermería, Nutrición y asistentes sociales. «Todo esto de la mano de un protocolo de seguimiento de los paciente con una base de registro que nos permitía ver a largo plazo los resultados de esta asistencia», señala.
Así se fueron reclutando pacientes con disfunción cardíaca. Álvarez explica que la unidad comenzó a ser referencia dentro del hospital y para algunos centros a nivel nacional.
El concepto de «unidad de insuficiencia cardíaca» se maneja así a nivel internacional. Según explica el especialista, surge en Europa y Estados Unidos en los años 80. Allí se veía que era muy complejo el diagnóstico y tratamiento de estos pacientes debido a su edad, alta morbilidad y la presencia de otras comorbilidades. «Este tipo de unidades resultaron muy beneficiosas para lograr la adherencia al tratamiento y para reducir los eventos que puedan tener estos pacientes ya sea de muerte o la internación», señala.
La insuficiencia cardíaca (la vía final común de las cardiopatías) tiene una alta prevalencia en Uruguay. Se trata de una patología muy vinculada a la población añosa en un país añoso.
Resultados
Desde su inicio, la Unidad logró reducir hasta en un 50% las internaciones por insuficiencia cardíaca. A los cinco años, en lugar de una sobrevida del 50%, se observó una sobrevida del 80%. Por otra parte, los datos permiten apreciar un crecimiento en la adherencia de los médicos a las pautas establecidas internacionalmente.
En lo asistencial, a su vez, se logró abarcar en un 100% las pautas de auditoría de la Sociedad Europea de Cardiología.
En la rama de la investigación, se ha aportado bibliografía científica a nivel nacional e internacional.
«Tenemos el objetivo de multiplicar nuestra experiencia a nivel nacional, a través de algunos proyectos», señala Álvarez. «Buscamos promover la idea de que los médicos de primero y segundo nivel de atención puedan hacer una pasantía por nuestra Unidad. Con esto lograríamos el efecto multiplicador que deseamos y generar, a su vez, una relación adecuada de modo que se sepa cuándo derivar un paciente», agrega.
Álvarez cuenta que recientemente se les ha presentado la oportunidad de incorporarse al Proyecto Echo al que tienen pensado adherir.





