miércoles 14 de enero de 2015

Falleció en Montevideo el 9 de enero de 2005, a los 69 años, el Dr. Jorge Pouso Ponciolo. Había nacido en Montevideo, en el barrio de Pocitos, en 1945.
Según sus propias manifestaciones, tuvo siempre una fuerte inclinación por las letras y ha dedicado a ella bastante tiempo libre de su profesión de Médico y sus actividades docentes, fundamentalmente centradas en la Metodología de la Investigación y la Bioestadística.
Fue un colaborador fundamental para muchísimos investigadores en el campo de las ciencias médicas y formó parte del Sistema Nacional de Investigadores. Participó de numerosas conferencias y encuentros. En numerosísimas publicaciones científicas de las más diversas ramas de la Medicina, que han significado importantes aportes al conocimiento, está su nombre, como acompañante silencioso, que daba el respaldo de la metodología y la estadística indispensables para que esos trabajos fueran favorablemente acogidos por las revistas arbitradas nacionales e internacionales.
En el CICU (Centro de Investigación Cardiovascular Uruguayo) que tiene por sede a Casa de Galicia, dedicó sus esfuerzos a la formación científica de los residentes, desde cómo presentar un proyecto a cómo redactor su informe final. Lo que les permitió a esos jóvenes residentes obtener premios en los sucesivos congresos de investigadores jóvenes. Fue animador de verdaderas «incubadoras de ideas», desde muchos años atrás.
En el último Congreso Uruguayo de Cardiología (realizado en noviembre último en Montevideo) una joven jefa de residentes, la Dra. Natalia Esmite, ganó el Gran Premio del Congreso, con un jurado internacional, integrado por argentinos, brasileños, americanos y un académico uruguayo, sobre «Calidad de vida antes y después de la Cirugía de Revascularización miocárdica en una cohorte de pacientes». Trabajo que tuvo el respaldo en su elaboración y el estímulo permanente, desde la misma presentación de la hipótesis de trabajo, del Dr. Jorge Pouso Ponciolo.
Estableció a lo largo de los años sólidos lazos de amistad con quienes trabajaba en las diversas áreas del amplio campo que es la Medicina, particularmente con aquellos que buscaban hacer investigación de calidad y no la mera repetición de experiencias. De los auténticos creativos.
Él era un creativo, un generador de ideas, un promotor de cambios, de bajísimo perfil. Pero un apoyo imprescindible. Y reconocido por el afecto de todos quienes trabajaron junto a él y se nutrieron de su conocimiento y experiencia.
Resulta difícil obtener información de él, porque no se exhibía en las redes sociales, tan a la moda, ni dejaba rastros.
Apenas pueden ubicarse algunas referencias por sus esporádicas intervenciones en cuentos cortos, que había desarrollado en los últimos años, retomando una vieja vocación juvenil por las letras, o su participación en foros donde se debatían temas controvertidos en materia literaria, como uno recordado, de hace más de doce años, donde refiriéndose a una frase atribuida al Quijote de Cervantes, «Ladran Sancho…» escribió:
He estado siguiendo con interés las discusiones sobre la tan famosa frase. He confirmado con ello algo que ocurre con obras maestras muy conocidas y un tanto voluminosas: en verdad son más los que hablan y las citan pero pocos los que las leen o han leído realmente.
Como usted pertenece a este último grupo debo decirle que, efectivamente esa frase no está en la obra, aunque tal vez mereciera estarlo.
O aquella otra intervención en la que un año más tarde aclaró, en el mismo foro cervantino, que la discusión sobre si el término correcto era murciélago o murciégalo, respondió a una participante:
Su profesor tenía razón, pero parcialmente pues el DRAE admite ambos términos para designar al quiróptero de marras. La que deriva del latín es murciégalo.
Cuando se busca en los textos, con las modernas técnicas que hoy son usuales, puede comprobarse la exactitud de sus apreciaciones. Ni en la primera, ni en la segunda parte del Quijote, existen esas expresiones. Su afirmación era totalmente exacta.
Trabajó en múltiples actividades docentes, y en los últimos años en la Facultad de Medicina del CLAEH en Punta del Este.
Ha desaparecido un científico uruguayo conocido sólo en pequeños círculos. Él era un sólido e imprescindible apoyo para muchos investigadores. También un auténtico ejemplo de honestidad científica, ética y coraje. Seguramente sus amigos de todas las edades, jóvenes y maduros, que trabajaron y aprendieron junto a él, lo recordarán mientras vivan. Los trabajos que él acompañó con su sabiduría y humildad, serán testimonios permanentes.
Llegue a su estimada familia, su esposa, sus cinco hijos (entre los cuales dos colegas médicos) y sus nietos, a sus colaboradores y amigos, la solidaridad por esta triste pérdida.
Que descanse en paz.
Dr. Antonio L. Turnes
Maldonado, 14 de enero de 2015


