viernes 16 de mayo de 2014

El decálogo recuerda que «el diagnóstico proactivo es la principal vía de diagnóstico de las personas infectadas ya que la enfermedad de Chagas, en la mayor parte o durante toda la evolución pasa desapercibida por ser asintomática u oligosintomática».
En América se estima que ocho millones de personas están infectadas por Typanosoma cruzi, pero la mayoría quedan sin diagnóstico.
«Existe consenso en que la mayoría de estos pacientes deben ser atendidos en el primer nivel de atención, que cuente con recurso humano capacitado y tecnología adecuada (como un electrocardiógrafo) y un sistema de referencia y contrarreferencia disponible», señala el documento.
Además, se indicó que «el diagnóstico de sospecha de enfermedad de Chagas debe plantearse por riesgo epidemiológico o cuadro clínico compatible». «El riesgo epidemiológico debe contemplar la trasmisión vectorial, la transmisión por sangre y tejidos, la transmisión oral mediante alimentos contaminados, los accidentes laborales como por ejemplo en laboratorio o prácticas quirúrgicas y la existencia de familiares infectados».
Por otra parte, el decálogo indica que «todo paciente con diagnóstico de Chagas debe recibir una completa atención que incluye recibir un tratamiento etiológico (tripanocida), correctamente indicado, controlado y evaluado». Además, los casos agudos, crónicos recientes, pediátricos, jóvenes o crónicos con reactivación por inmunocompromiso son indicación absoluta de tratamiento».
Aquellos que reciben un tratamiento correcto pueden «curar o mejorar sensiblemente su evolución».
La OMS considera a la enfermedad parasitaria como una de las 13 más desatendidas del mundo.
Las jornadas se realizaron en Colonia del Sacramento a finales de abril. El decálogo fue firmado por los doctores Daniel Bulla, Alejandro Luquetti, Martín Sánchez, Sergio Sosa Estani y Roberto Salvatella.


