2015: el año bisagra de la reforma de la salud

jueves 18 de febrero de 2016

En la última edición de la Revista Ser Médico, el presidente del SMU, Julio Trostchansky, hace un repaso en su «Carta Abierta» de lo que fue el año 2015 en materia de trabajo médico y gremial, los desafíos que presentó y las bases que dejó de cara al próximo año.

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Culminó un año y es momento de balances. De hablar de objetivos propuestos y alcanzados, pero también de los desafíos que están por venir.

Si tuviera que definir el 2015 que pasó, lo denominaría como un «año bisagra» ¿Por qué? Porque logramos retomar el camino hacia la concreción de una medicina de calidad en Uruguay, luego de un período fermental y otro de estancamiento. De esto, justamente, trata el informe central de la revista Ser Médico.

El acuerdo en el sector privado, con la puesta en marcha del laudo único, la formación de recursos humanos, el cambio en el trabajo médico y el ejercicio profesional, van a marcar un antes y un después en el colectivo médico y son los elementos que hoy nos permiten afirmar que se trata de un acuerdo de carácter histórico.

Pero nada de esto fue fácil ni al azar. Sin duda que ha sido un año complejo. Intenso, expresión de múltiples contradicciones como suele suceder cuando se inicia una nueva Administración.

Nuestro balance es positivo, hemos consolidado y proyectado nuestra contribución a la reforma del Sistema Nacional Integrado de Salud desde nuestro espacio profesional y laboral, hemos logrado encaminar acciones en cada capítulo que sintetiza las conclusiones a las que arribó la Convención Médica, y continuamos avanzando – aunque a un ritmo más lento del que desearíamos- en los cambios de alto impacto en áreas donde ejercemos la medicina, particularmente allí donde se asiste a la población más vulnerable.

En todo este proceso fue necesario abrir varios frentes y de forma simultánea. Discutimos como gremio si teníamos la fortaleza para atender más de un frente y si éramos capaces de explicar a nuestros socios qué era lo que estábamos haciendo y hacia adónde apuntábamos.

El SMU es la organización, por ley, que representa a todos los médicos del país. Esto era importante que quedara claro para avanzar, por ejemplo, en la implementación del laudo único a nivel del país y en la composición de los Cargos de Alta Dedicación, con su extensión hacia las especialidades anestésico- quirúrgicas.

Entendimos que era el momento para dar un paso adelante en la reforma del trabajo y que estábamos ante una etapa definitoria desde nuestra condición de representantes de todos los médicos.

El mensaje debía ser claro. Somos gremio y no corporación; ​tampoco somos empresa; vamos acompañados de nuestras mejores tradiciones, con un espíritu crítico y transformador, lo que hace posible progresar sin detenerse, hacia un futuro mejor.

No desconocemos a quienes dicen no sentirse representados por el SMU, pero somos claros en algo: los planteos no pueden ser para beneficio de un pequeño sector.

Basados en nuestros principios fundacionales, somos fieles defensores de la profesión médica y del cuerpo médico en su conjunto, rechazando cualquier intención que pretenda marcar diferencias arbitrarias o fisuras entre colegas y sus derechos.

Velamos por una atención sanitaria basada en la equidad y la calidad, a resguardo del pensamiento y la acción corporativa.

Los Cargos de Alta Dedicación, justamente, son la llave para desconcentrar el poder del que hoy goza un minúsculo grupo de profesionales, reacios a un cambio que beneficia al resto.

También fue un año donde exigimos definiciones a ciertos grupos que pretendían ser juez y parte. Queremos reglas claras. La visión de los médicos del interior no debe estar viciada por una visión empresarial, que representa otro tipo de intereses.

Y lo podemos decir con propiedad. Tuvimos este mismo problema cuando el SMU era propietario del CASMU y de la emergencia móvil 1727. Cuando se hacían los planteos, ¿se los hacía únicamente por el bien de los médicos o se estaba mirando cómo repercutían esos beneficios en las empresas? No pretendamos ocultar lo obvio.

Todavía queda mucho por delante. A nivel público la realidad ha sido compleja. Desde ASSE no hemos encontrado respuesta a nuestros planteos. Nos encontramos con una Administración sin rumbo, sin estrategia.

No sabemos el motivo, la causa, pero la realidad indica que no existió la voluntad de diálogo, ni política ni técnica, y mucho menos el intercambio de propuestas.

Desde hace más de dos años venimos trabajando en el Sindicato Médico con los lineamientos discutidos en la Convención Médica Nacional, sobre los aspectos que más preocupan y hacen a la mejora del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), su calidad asistencial y la mejora del trabajo médico.

La situación actual nos parece crítica, y nuestra preocupación es alta. Son muchas las preguntas que hemos hecho, sin respuesta.

¿Existe en ASSE un plan estratégico a desarrollar en este quinquenio en materia de gestión, estructura organizacional y regionalización? ¿Cuál es la situación sanitaria que se encontró en ASSE (diagnóstico) con relación a la imagen objetivo que se propone alcanzar?

¿Existe un plan de presupuestación de sus recursos humanos, mejora salarial y de condiciones de trabajo y avances en la reforma del trabajo médico, que eviten la fuga de sus profesionales? ¿Por qué no se propone clausurar las Comisiones de Apoyo y promover la concentración del trabajo médico y no médico en ASSE?

ASSE es la empresa pública más grande del país. Muchas veces discutimos cuál es la cantidad mínima de usuarios que una institución tiene que tener para ser viable, pero nunca nos pusimos a discutir cuál es el máximo. Un solo directorio manejando a 1,2 millones de usuarios parece mucho para la organización que hoy tiene ASSE.

Hay una politización muy grande no sólo en el directorio sino en toda la estructura, que responde muchas veces a intereses político-partidarios y no a la capacidad técnica. Ahí está la reforma del Estado que no se hace.

No hay ninguna empresa exitosa que cada cinco años cambie a todo su plantel directivo y gerencia, que venga sosteniendo un plan de trabajo y que de un día para el otro sean removidos todos sus ejecutores, que no elija a los más capaces sin tener que responder a una cuota política. Eso no sucede en las empresas exitosas. Si no se generan cambios, va a quedar más rezagada aún. La cuestión es que no sabemos cuánto les interesa a los gobernantes la salud pública.

Esta es la realidad que nos tocó a nivel público y estamos dispuestos a afrontarla, de la forma que sea, velando por los intereses de una salud digna para toda la población y por los médicos que hoy se desempeñan en ella.

Muchas gracias y que el año que comienza nos encuentre, nuevamente, trabajando juntos por una medicina de calidad.

Atentamente.

Dr. Julio Trostchansky.